P A N X O L I Ñ A S
En Belén Hai Moita Festa.
En Belén hai moita festa
oin pandeiros e gaitas,
vamos a Belén pastores
levemos as nosas frautas.
¡ Ai que noite tan fermosa
que noite tan linda e crara;
a todo o mundo convida
vamos, vamos sin tardanza!.
Canto de Nadal ( orix. de Ourense ).
Vinde picariñas
correide escoitar
antes de que o galo
comence a cantar.
Hoxe mansa pomba
fror de Jericó
pariu nunhas pallas
o meniño Dios.
Virxiña sin mancha
filla de Judá
¿porque santa reina
pares nun portal?
¿Porque antr´as pallas
ten o teu pichón
o amor do alento
da mula e do boy?.
" Los Reyes Magos según mis padres ". Relato corto de Francisco Rodríguez Criado.
Mi padre, que quería hacerse perdonar después de no sé qué lío con su secretaria, nos invitó a toda la familia , durante las vacaciones de Semana Santa, a hacer un viaje por Egipto, donde visitamos, entre otras maravillas, las pirámides de Giza, el Valle de los Reyes y la necrópolis de Dahshur.
Y eso fue un error por su parte, enseñarnos Egipto ( mi madre diría que también el dichoso lío con la secretaria ), porque allí descubrimos en toda su dimensión a los impresionantes camellos ( llegamos a montar en un par de ellos ). Así que después de ver tan cerca a estos mamíferos, a los cuales, por cierto, ya habíamos estudiado en el cole, me resultó de lo más sospechoso que mis padres nos alentaran en la noche del 5 de enero a mi hermana Rosa y a mí a que nos acostáramos pronto en previsión de que el rey Baltasar nos iba a visitar de madrugada, a lomos de su camello, para dejarnos valiosos regalos traídos desde Oriente.
A mi hermana, que solo tenía cuatro años, le hizo mucha ilusión la noticia, pero a mis nueve años ya había cosas que me costaba creer. Así que me dormí sin concederle demasiada importancia al asunto.
Al levantarnos, íbamos a tener regalos en el comedor. Estupendo, pues. No era relevante quien se iba encargar de traerlos, y menos aún si venían de Oriente o de algún centro comercial...
Pero no iba a ser tan sencillo: en plena madrugada unos gritos atronadores que procedían del vestíbulo nos despertaron a mi hermana y a mí. resulta que el camello se había quedado atascado en el quicio de la puerta y tanto él como el rey Baltasar no dejaban de soltar alaridos, con el consiguiente cabreo del resto de vecinos, que subieron muy enfadados hasta nuestro piso para saber qué demonios estaba ocurriendo.
Y así estuvimos, durante al menos un par de horas, completamente desquiciados, con los bomberos tratando de desatascar al sufrido animal bajo la atenta mirada de un grupo numeroso de curiosos que no paraban de hacer preguntas. Mi madre, tan servicial, se mostraba apenada de que nuestros visitantes ni siquiera hubieran podido degustar la mandarina, el turrón y el vaso de leche que había dejado para ellos en la mesita del salón. Por otra parte, un agente de Inmigración le preguntó de malos modos al rey Baltasar si tenía los papeles, y otro del SEPRONA no paraba de pedirle las vacunas del camello y el chip de identificación. "¿O es que se cree que uno puede desplazarse en camello sin tener todos los papeles en regla?".
Y como todos discutían por detalles nimios, pero nadie se extrañó de que un rey negro venido de Oriente y un camello de notables dimensiones tratasen de colarse en plena madrugada en un decimotercer piso del madrileño barrio de Chamberí, llegué a la conclusión de que no tenía sentido que yo fuera tan escéptico con las narraciones familiares.
Decidí que a partir de ese momento confiaría más en lo que me contasen mis padres, pues no eran tan fabuladores como yo había pensado, y de paso me comprometí a transmitirle a Rosa ese espíritu navideño alimentado por la inocencia.
Tanto es así, que durante algún tiempo mi pequeña hermana siguió creyendo que los Reyes Magos proceden de Oriente, los niños vienen de París, y mi padre y la secretaria tan solo eran buenos amigos.